Búsqueda avanzada | Ayuda         
        Buscador:   
  Barómetro del RIE
  Europa
  América Latina
  Mediterráneo y Mundo Árabe
  EEUU-Diálogo Transatlántico
  Asia-Pacífico
  África Subsahariana
  Seguridad y Defensa
  Economía Internacional
  Cooperación y Desarrollo
  Imagen de España
  Demografía y Población
  Lengua y Cultura
  Organismos Internacionales
  Terrorismo Internacional
  Boletines
  Materiales de Interés
  Inicio
Inicio: Estudios e Investigaciones: Imagen de España: Actuales  
Imprimir    |    Recomendar    |    Estadísticas    |    descargar .pdf ‹‹ Volver

 
GUERRA, TERRORISMO Y ELECCIONES: INCIDENCIA ELECTORAL DE LOS ATENTADOS ISLAMISTAS EN MADRID (DT)
DT Nº 13/2005 -- Documentos
Narciso Michavila   ( 10/3/2005 )   
 

Contenido

1. La irrupción del terrorismo islamista en España

2. Sistema y comportamiento electoral español

3. Hipótesis sobre el vuelco electoral

3.1. Hipótesis del cambio latente

3.2. Hipótesis de la conmoción por los atentados

3.3. Hipótesis de la guerra

3.4. Doble hipótesis de la manipulación informativa: del Gobierno y contra el Gobierno

4. Análisis de la incidencia electoral de los atentados

4.1. Momento de la decisión del voto

4.2. Influencia reconocida de los atentados

4.3. Dudas sobre el voto

4.4. Desviación de la participación según las solicitudes de voto por correo

4.5. Análisis del voto emigrante, emitido antes del 11-M

4.6. Valoración postelectoral del propio voto

5. Conclusiones

6. Referencias bibliográficas

Introducción

La incidencia de los atentados del 11 de marzo de 2004 en las elecciones que se celebrarían tres días después en España ha sido objeto de todo tipo de especulaciones. Llega el momento de contrastar las hipótesis que, a lo largo de estos doce meses, han pretendido explicar un resultado electoral inesperado, aportando nuevos datos que permitan determinar el sentido y la magnitud de la influencia de los atentados en el voto.

Las principales explicaciones del inesperado vuelco electoral pueden agruparse en torno a cuatro hipótesis: (1) un deseo latente de cambio de Gobierno; (2) la conmoción producida por los atentados; (3) el castigo al Gobierno por su posición en la guerra de Irak; y (4) la manipulación informativa en una doble vertiente, del Gobierno y contra el Gobierno.

Tras repasar estas hipótesis y analizar el cambio de voto producido por los atentados se llega aquí a la conclusión de que para que se produjera el vuelco electoral fueron necesarias la confluencia de todas y cada una de las tres primeras hipótesis, actuando la cuarta –la de la manipulación informativa en sus dos vertientes– de refuerzo. Es decir, sin un deseo latente de cambio, sin el apoyo a la intervención en Irak y sin los atentados no se habría producido el vuelco electoral del 14 de marzo de 2004.

El empleo simultáneo de diversas herramientas de investigación permite establecer que los efectos de los atentados en los comicios fueron: (1) la activación de un millón setecientos mil votantes que no pensaban votar; (2) la decisión final de no votar de otros trescientos mil –lo que se tradujo en un incremento de cuatro puntos en la participación–; y (3) la “conversión” de un millón cien mil electores.

1. La irrupción del terrorismo islamista en España

“Todos los terroristas tienen algo en común: ninguno de sus actos son fortuitos o carecen de sentido”

Bruce Hoffman, Inside Terrorism, p 195.

La irrupción del terrorismo en una campaña electoral no es una novedad en la historia de las democracias. Precisamente, la primera vez que se empleó el terrorismo bacteriológico masivo contra la población civil fue para intentar alterar unos resultados electorales[1]. En España, la banda terrorista ETA ha intentado estar siempre presente, de una forma u otra, para influir en el voto de los electores. Tanto es así, que catorce días antes de la celebración de las elecciones generales de 2000 asesinó al líder del Partido Socialista de Euskadi, Fernando Buesa; un mes antes de la celebración de los comicios al Parlamento Vasco de 1998 ETA declaró una tregua, con el fin de presentar un escenario más favorable a sus reivindicaciones; en la campaña electoral del 14 de marzo de 2004, ETA volvía a estar presente con el anuncio de una tregua exclusiva para Cataluña y con el intento de un nuevo atentado en Madrid, evitado gracias a la detención por la Guardia Civil de una furgoneta cargada con 500 kg de explosivos justo en el comienzo de la campaña electoral.

Sin embargo, la incidencia de los atentados del 11-M en las elecciones que se celebrarían setenta y dos horas después superó todos los patrones conocidos en España, por su brutalidad y por su autoría[2]. Las 192 víctimas mortales suponen la quinta parte del total de asesinados en atentados terroristas en los últimos treinta años en nuestro país[3]. La sociedad española había soportado la estrategia de la “socialización del sufrimiento” desarrollada por el independentismo vasco radical, pero nunca había tenido que enterrar tantas víctimas en un solo día, como tampoco nunca antes había tenido que sustituir los mítines de cierre de campaña por los entierros de sus conciudadanos[4].

El hecho de que los atentados fueran obra de terroristas islamistas era otro elemento inédito para la sociedad española y europea, con implicaciones electorales muy diferentes de haberse tratado de un atentado “etarra”, tal y como rápidamente manifestaron todos los analistas e informaron los medios de comunicación internacionales en la víspera electoral. La autoría de ETA beneficiaría al partido en el Gobierno por los evidentes logros conseguidos en la lucha antiterrorista; si, por el contrario, fuera obra de grupos islamistas la responsabilidad de las muertes recaería sobre el Partido Popular por el apoyo a Estados Unidos en la guerra de Irak con la clara oposición de la opinión pública española.

Esta disyuntiva introdujo un tercer elemento que pudo ser determinante en la decisión electoral de muchos votantes: la confusión sobre la autoría dio lugar a un clima de enfrentamiento entre la línea de comunicación del Gobierno Popular, que sostuvo casi hasta el último momento que “la principal sospechosa es ETA” y los medios de comunicación más críticos, que apostaron casi desde el primer momento por la autoría islamista[5]. Una vez más, los medios de comunicación, con sus aciertos y sus errores, pero por encima de todo con gran dedicación, fueron por delante en la interpretación y análisis de la información proporcionada por el Gobierno ante una crisis terrorista de origen exterior (Nacos, 1994 y 2002; Norris et al., 2003; Palmer, 2003).

Los tres elementos –brutalidad, autoría y confusión sobre la misma– han convertido los comicios de marzo de 2004 en laboratorio de sociología electoral del que han estado pendientes todas las democracias occidentales. La presente investigación pretende aportar datos que ayuden a determinar el sentido y magnitud de la incidencia electoral de los atentados. Para ello se han evaluado las encuestas preelectorales y postelectorales publicadas, se han analizado los microdatos de la encuesta postelectoral del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), se ha estudiado la solicitud del voto por correo de residentes (CER) como predictor de la participación, los resultados del voto ausente (CERA) y la evolución histórica del voto[6].

Escapan al objeto de esta investigación el estudio de los discursos políticos y el análisis de la intencionalidad de los terroristas[7]. En este análisis lo que interesa es la sociedad y su reacción ante los atentados.

Si el propósito de los terroristas, como dice el prefacio del Informe sobre el 11-S, es “privar al mundo del pluralismo político y religioso y del derecho al plebiscito”, en el caso español hay que decir que tal propósito no fue conseguido; más bien al contrario: el 14 de marzo los españoles volvieron a hacer cierta la máxima de Karl Popper de que “los retos de la democracia se vencen con más democracia”. Ese día, por encima de cualquier opción política, venció la Democracia.

Venció la Democracia y venció el PSOE, que obtuvo el mayor apoyo popular jamás logrado en términos absolutos, el de más de once millones de electores, o lo que es lo mismo, uno de cada tres españoles mayores de edad. En términos relativos se trata de los segundos mejores resultados tras los alcanzados por Felipe González en 1982. Si este apoyo no se tradujo en más escaños –los 164 obtenidos le dejaron a doce de la mayoría absoluta– es por la fortaleza del segundo partido, el Popular, que obtuvo casi diez millones de votos que se tradujeron en dieciséis escaños menos que el ganador.

La visión de estos datos en perspectiva temporal se aprecia en la tabla que ofrece los resultados de las nueve elecciones generales celebradas en España desde la instauración de la democracia.

Tabla 1. Evolución del voto (en miles)

 

1977

1979

1982

1986

1989

1993

1996

2000

2004

Censo

23.584

26.836

26.847

29.118

29.604

31.031

32.532

33.970

34.572

CER

23.584

26.836

26.847

28.860

29.438

30.649

32.006

33.039

33.475

Votos a candidaturas

18.278

17.934

20.952

20.082

20.352

23.403

24.803

22.814

25.483

PSOE

5.338

5.477

10.127

8.902

8.116

9.150

9.426

7.919

11.026

PP

1.472

1.099

5.548

5.248

5.286

8.201

9.716

10.321

9.763

IU

1.151

1.940

686

768

1.627

1.906

2.343

1.263

1.284

IC

231

273

297

119

UCD

6.310

6.291

1.425

CDS

601

1.839

1.618

415

CiU

483

773

1.014

1.032

1.166

1.152

970

835

PNV

296

275

396

310

252

291

319

354

421

EA

137

129

116

101

81

ERC

144

123

138

124

85

190

168

195

652

CC

207

220

248

235

BNG

127

220

306

209

Cha

50

75

94

Fuente: Ministerio del Interior.

2. Sistema y comportamiento electoral español

Para la comprensión de algunos argumentos expuestos a continuación es conveniente realizar un somero repaso, tanto del sistema, como del comportamiento electoral español. Asimismo, es preciso recordar que España es una monarquía parlamentaria donde la Constitución reserva las competencias de política exterior y de defensa al presidente del Gobierno.

Respecto al sistema electoral hay que señalar que la inscripción en el censo es automática y el voto no es obligatorio[8]. El sistema de elección a la Cámara Baja es mediante lista cerrada y bloqueada, con un sistema de reparto de representantes “proporcional corregido”, con 52 circunscripciones, donde se eligen 350 Diputados al Congreso en función de la población. Al mismo tiempo se celebraban elecciones al Senado, donde cada provincia es representada por los cuatro senadores que mayores apoyos reciben: cada elector puede elegir nominalmente tres senadores.

Se trata de un “sistema electoral fuerte”, es decir, con gran capacidad de orientar el voto de los ciudadanos en un determinado sentido. Así por ejemplo, desde las primeras elecciones democráticas de 1977 hasta la actualidad se ha ido produciendo un proceso de acumulación del voto en los dos partidos mayoritarios hasta llegar a una concentración del 82% en las elecciones generales de 2004.

Aunque el sistema sea proporcional, la corrección de la proporcionalidad mediante la Ley D’Hont de reparto de escaños y, sobre todo, el elevado número de circunscripciones hace que la desproporcionalidad sea más propia de un sistema mayoritario. Esto provoca, por un lado, que pequeñas variaciones de voto produzcan alteraciones en el reparto de escaños significativos y, por otro, cierta desproporcionalidad en la representación, resultando sistemáticamente perjudicados en las elecciones generales los partidos de ámbito estatal no mayoritarios: tradicionalmente la coalición de Izquierda Unida y las formaciones de Centro.

La campaña electoral tiene una duración oficial de catorce días, aunque la propaganda electoral comienza con antelación pero sin solicitar expresamente el voto, y finaliza un día antes de los comicios para dejar paso a la denominada “jornada de reflexión”, donde no están autorizados los actos de tipo político. Según la tradición europea no está permitida la publicidad pagada en televisión, aunque los medios públicos ponen a disposición espacios gratuitos para la inserción de spots publicitarios. Están autorizados los debates televisivos entre candidatos, pero ha sido una constante que el partido que se ve con mayores posibilidades de ganar se niegue al mismo, de forma que sólo se celebraron en las elecciones de 1993. En estas últimas elecciones generales fue el Partido Popular el que puso obstáculos a la celebración de tales debates, reclamados por la mayoría del electorado. Las encuestas electorales pueden publicarse hasta cinco días antes de la celebración de los comicios.

El voto por correo tiene dos vertientes, la de los españoles censados en España (CER) y la de los residentes en el extranjero (CERA). La proporción de los que deciden votar por correo es mínima, en torno a tres de cada cien votantes. En concreto, en las elecciones de marzo de 2004, de un total de 26.155.436 electores, votaron por correo 557.533 residentes en España y 295.934 residentes en el extranjero. Es decir, el 3,3% de los votantes habían emitido su voto con anterioridad a los atentados del 11-M. El voto por correo de residentes en España (CER) se introduce en la urna donde el votante está inscrito al cierre de los colegios electorales, por lo que no puede conocerse su resultado agregado; lo que sí es posible en el caso del voto de los emigrantes (voto CERA), al escrutarse en cada provincia la semana posterior a los comicios.

En el terreno del comportamiento electoral cabe destacar que la participación en elecciones de primer orden, como son las legislativas, es normalmente elevada, oscilando entre el 70% y el 80% del censo. El escenario político españoles muy polarizado y el voto bastante estable por el componente ideológico que tiene. La progresiva difusión de las líneas divisorias (cleavage) de clase y religión y la sustitución del eje ideológico izquierda-derecha por el eje nacionalista apenas han supuesto mayor independencia del voto.

En el siguiente gráfico se muestra la autoubicación de los votantes de los diferentes partidos, en función de su posicionamiento en el eje izquierda-derecha (siendo 1 extrema izquierda y 10 extrema derecha) y el sentimiento de identidad nacional (siendo 1 “me siento sólo español” y 5 “me siento sólo andaluz, catalán, madrileño, etc.”):

Gráfico 1. Autoubicación ideológica e identitaria de los votantes según recuerdo de voto

n = 10.000.

Fuente: análisis propio del CIS, septiembre de 2002.

La volatilidad electoral en las elecciones generales es cercana al 10% del electorado cuando se calcula de forma agregada (Oñate y Ocaña, 1999). La volatilidad individual es lógicamente algo mayor que la agregada pero, incluso en los momentos de cambio político, no llega al 20% del electorado, siendo inferior al 15% en situaciones de estabilidad (Gunther, Montero y Botella, 2002). En esta ocasión los cambios agregados, incluida la abstención, entre las elecciones de 2004 y las precedentes, han sido cercanos al 11% del electorado y menores aun, cercanas al 7%, en relación al año 1996. Los principales cambios electorales son fruto de la abstención diferencial –amplificada por el sistema de asignación de escaños– y no tanto de la volatilidad electoral. Las mutaciones del electorado no se producen por crisis repentinas sino mediante mareas paulatinas.

Respecto a la decisión del voto, son aplicables al caso español los descubrimientos realizados en otras sociedades: la mayoría de la población tiene decidido su voto antes de la campaña electoral, siendo mínima la incidencia de los sondeos. Éstos, al igual que la campaña electoral, más que captar nuevos votantes lo que hacen es reforzar la fidelidad del propio electorado, pues la mayoría de los que mudan su voto lo han decidido con gran anterioridad a la campaña electoral.

El voto se decide mediante juicio contrafáctico, o lo que es lo mismo, para que el electorado retire su apoyo al Gobierno no basta con que esté insatisfecho con sus logros, sino que además debe estar convencido de que la oposición lo hará mejor. Los aspectos en los que el ciudadano es más crítico con la gestión del Gobierno son aquellos en los que percibe mayor responsabilidad. Como se ve, nada nuevo que permita afirmar que el electorado español tenga pautas específicas de comportamiento no comparables con otras sociedades.

3. Hipótesis sobre el vuelco electoral

Las elecciones del 14-M arrojaron unos resultados imprevistos para la mayoría del electorado español, que preveía la semana anterior una victoria del Partido Popular que finalmente no se produjo.

Tabla 2. Expectativas de victoria del PP y del PSOE

¿Qué partido cree que va a ganar las elecciones?

(%)

PP

PSOE

CIS

63,4

11,0

Citigate Sanchís

66,7

12,2

Metras Seis

59,0

6,3

Opina (Cadena SER)

70,3

12,6

Vox Pública

67,8

6,5

Opina (El País)

67,6

11,3

Todas las encuestas eran previas a los atentados del 11 de marzo, por lo que no es posible saber hasta qué punto pudo sorprender al conjunto del electorado el resultado final. No se han publicado estudios al respecto, pero tampoco habría sido posible mesurar con cierta precisión los cambios opináticos en esas intensas 72 horas. Con inmediata posterioridad a la celebración de las elecciones el Observatorio Político Autonómico realizó una encuesta postelectoral que refleja que el 64% de los españoles creían que “el PSOE no habría ganado las elecciones si no hubieran tenido lugar los acontecimientos del 11-M” frente al 23% que opinaba que sí habría ganado.

Las conjeturas sobre las causas de unos resultados electorales no previstos por la opinión pública ni por los analistas con anterioridad al 11-M pueden agruparse entorno a las siguientes hipótesis:

·        Hipótesis de un deseo de cambio de Gobierno.

·        Hipótesis de la conmoción por los atentados.

·        Hipótesis del castigo por la guerra de Irak.

·        Hipótesis de la manipulación informativa en una doble vertiente: del Gobierno y contra el Gobierno.

No se contempla aquí como posible hipótesis el castigo al Gobierno por una mala gestión material de la crisis. La actuación de las diferentes administraciones –municipal, autonómica y estatal– recibieron más felicitaciones que críticas[9].

En la exposición de las hipótesis se hará referencia a algunos análisis publicados con inmediata posterioridad en la prensa escrita española. Se han seleccionado los artículos más sociológicos, aunque la cercanía a los hechos y el formato de artículo de opinión para un gran público los sitúen, muchas veces, en un plano político. Además, se ha procurado adscribir estos análisis a la hipótesis que se prima en el artículo, si bien la mayoría no se limita a defender exclusivamente una hipótesis. En este sentido también hay que comprender que no puedan demostrarse en el propio artículo muchas de las aseveraciones vertidas. En todo caso, se trata de analistas que saben de lo que escriben.

3.1. Hipótesis del cambio latente

“Los resultados no son los que la gente cree, sino lo que la gente quiere”

Noelle-Neumann, La espiral del silencio, 1984.

La hipótesis del cambio latente sostiene que el resultado electoral fue fruto de un deseo mayoritario de cambio de Gobierno; los atentados, según esta hipótesis, no tuvieron una incidencia significativa.

La Hipótesis del cambio latente

Argumenta a favor de esta hipótesis el catedrático Julián Santamaría, que fuera presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas en la época del referéndum de la OTAN. Dos días después de las eleccionesmanifestó a la United Press Internacional: “No creo que los atentados de Al Qaeda hayan sido una variable decisiva, pero las circunstancias que la rodearon estimularon el voto hacia la oposición”. La encuesta del Instituto Noxa publicada en La Vanguardia el domingo anterior fue la que más se acercó al resultado real al otorgar al PP una victoria por escasamente dos puntos y medio que le llevaban a hablar de empate técnico, que según él se fue confirmando con las encuestas de la víspera de los atentados[10].

También es de esta impresión el actual embajador en Cuba, Carlos Alonso Zaldivar, en su Análisis “Votos y bombas” para el Real Instituto Elcano: “la mayor parte de los votos que ha perdido el PP los ha perdido por méritos propios que nada tienen que ver con la matanza de Madrid”. Según él “la matanza de Madrid no provocó, pues, un trasvase significativo de votos de otros partidos hacia el PSOE. Lo que sí hizo fue aumentar la participación en las elecciones”.

Asimismo, la consultora mexicana María de las Heras sostiene en El País que en función de los análisis que realizó para el Partido Socialista “lo único que lograron los terroristas fue mover a las urnas a un millón de electores más de los que hubieran votado en condiciones normales por el PSOE. El 90% de los votos que obtuvieron José Luis Rodríguez Zapatero y su equipo los hubieran obtenido con o sin actos terroristas, el otro 10% proviene también de simpatizantes de la opción socialista, la mayoría concentrados en las provincias donde la izquierda era primera fuerza”. (“El terror no cambió las preferencias electorales el 14-M, sólo las radicalizó”, El País, 20/III/2004).

Por el contrario, niega este hipótesis la catedrática y antigua presidenta del CIS, Pilar del Castillo, ministra del último Gobierno Aznar, que señala en una carta al director de ABC (5/IV/2004) que, sin dudar de la legitimidad de los resultados electorales, existen “una serie de factores que hay que considerar para comprender las distintas razones del comportamiento electoral”.

En la misma línea se manifiesta el líder del PP Juan José Lucas en un artículo en La Razón, donde sostiene que la ruptura artificial del ciclo Popular lo acabará prolongando, como ha sucedido en otros casos históricos.

La hipótesis del cambio latente se apoya en argumentos relativos a los resultados electorales anteriores y posteriores al 14-M, a un deseo mayoritario de cambio de Gobierno y a la evolución de encuestas no publicadas que apuntaban a un progresivo acercamiento del PSOE al PP.

El análisis de los resultados electorales de las elecciones locales celebradas el 25 de mayo de 2003 y de las europeas del 13 de junio de 2004 no permiten ni aceptar ni refutar la hipótesis del cambio latente. Las elecciones locales y autonómicas de 2003 fueron ganadas por el PSOE, las primeras desde 1993, por medio punto porcentual: 34,8% frente a 34,3% (123.000 votos). Sin embargo, en la lectura de estos datos hay que tener en cuenta dos elementos: por un lado la ausencia de elecciones autonómicas en las Comunidades Autónomas que alcanzaron la autonomía por el artículo 151, lo que perjudica al PSOE al haber menos participación en las dos comunidades donde más votos obtiene, Andalucía y Cataluña. Por otro lado, y en sentido contrario, el voto de centro-derecha se fragmenta en muchas candidaturas independientes municipales, lo que no sucede en elecciones de ámbito nacional. La prueba es que en las elecciones de 1999, el PP obtuvo sólo 38.000 votos más que el PSOE en el ámbito municipal y 933.000 en el ámbito europeo, según se aprecia en la Tabla siguiente:

Tabla 3. Voto (en miles) y porcentaje sobre voto válido

 

PP

PSOE

13-junio-1999 europeas

8.410

39,7%

7.478

35,3%

13-junio-1999 municipales

7.334

34,4%

7.296

34,3%

         

25-mayo-2003 municipales

7.876

34,3%

7.999

34,8%

         

13-junio-2004 europeas

6.393

41,3%

6.741

43,3%

Nota: el porcentaje de las europeas de 2004 es provisional.

Fuente: Ministerio del Interior.

Las elecciones europeas tampoco ayudan a validar o refutar la hipótesis del cambio. Volvió a ganar el Partido Socialista en un escenario de participación muy diferente al del 14-M: tan sólo el 46% frente al 77% de entonces. Pero lo hizo en menor grado relativo y absoluto, su distancia sobre el PP se redujo de cinco a algo más de dos puntos y perdió 915.000 votantes más que el PP.

El Instituto Opina cifraba en un 59% el porcentaje de los que deseaban un cambio del gobierno. Además, los que deseaban la victoria del PSOE superaban generalmente a los que deseaban la del PP.

Tabla 4. Porcentaje que desean la victoria de cada partido

(%)

PP

PSOE

CIS

32,1

34,0

Metras Seis (Colpisa)

31,3

30,5

Opina (Cadena SER)

35,7

41,2

Basados en estos datos, el candidato socialista durante la campaña electoral afirmaba en alusión a la disparidad entre previsión y deseo de victoria electoral que “los resultados no son los que los electores esperan sino lo que desean”, haciendo suya la tesis de La espiral del silencio (Noelle-Neumann, 1984). Ahora bien, siendo ciertos, los datos ofrecidos son incompletos y ofrecen una imagen deformada de los deseos de los electores.

Efectivamente, cuando se introducen otros elementos del análisis demoscópico la hipótesis del cambio se debilita: entre los que deseaban el cambio de Gobierno sólo la mitad deseaba que tal cambio fuera hacia el PSOE. Cuando el juicio sobre el cambio del Gobierno se completa con el juicio sobre el candidato a sustituirle, se observa que una cosa es el deseo de que el actual Gobierno deje el poder y otra que desee que el sustituto sea el principal partido de la oposición, como se observa en la siguiente Tabla:

Tabla 5. Opinión sobre la confianza en el Gobierno y sobre los méritos de la oposición

(%)

Muy/bastante de acuerdo

Poco/nada de acuerdo

El PP se merece la confianza para gobernar otros cuatro años

39,6

53,3

Ha llegado el momento de que el PSOE vuelva al Gobierno

35,2

54,6

Fuente: Metra Seis para Colpisa, 20/II/2004.

La evolución de la intención de voto tampoco aclara mucho el panorama de la hipótesis del cambio según puede apreciarse en la intención de voto directa del CIS de las dos últimas legislaturas. Por un lado, se aprecia una recuperación clara de la intención de voto del Partido Socialista y un descenso del Popular hasta el barómetro de abril de 2003 inmediatamente posterior a la guerra de Irak; por otro, se ve una inversión de esas tendencias a partir de entonces.

Gráfico 2. Evolución de la intención directa de voto según el CIS, 1996-2000

Fuente: Barómetros del CIS.

Si el estudio se extiende al conjunto de todas las encuestas preelectorales publicadas por los medios de comunicación españoles durante los últimos treinta días y hasta seis días como permite la ley electoral, se observan los siguientes desfases en la estimación de voto[11]:

Tabla 6. Comparativa de las predicciones preelectorales nacionales

Instituto

Medio

Campo

Muestra

PP

PSOE

IU

CiU

PNV

Otros

Dif

PP/PSOE

Metra-Seis

Colpisa